viernes, 8 de enero de 2016

"La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo.
No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón
El perdón es una dinámica de comunicación: una comunicación que se desgasta, se rompe y que, mediante el arrepentimiento expresado y acogido, se puede reanudar y acrecentar.
Un niño que aprende en la familia a escuchar a los demás, a hablar de modo respetuoso, expresando su propio punto de vista sin negar el de los demás, será un constructor de diálogo y reconciliación en la sociedad."  Papa Francisco

EL EVANGELIO DE LA ENCARNACIÓN

Fundamento evangélico de la Encarnación en el laico Avemariano


“El núcleo fundamental de la espiritualidad Avemariana es CRISTO RESTAURADOR DE LA HUMANIDAD. Nuestra dimensión apostólica se fundamenta en la restauración del hombre en Cristo, mediante el apostolado. Los Cooperadores Avemarianos ponen como meta de su dimensión espiritual, la identificación con Cristo: “No vivo yo es Cristo quien vive en mí”.

El Cooperador Avemariano contempla a Cristo que baja de los cielos a la tierra; que viene “no a buscar a los justos sino a los pecadores”, y que baja “no para ser servido sino para servir”. El Cooperador Avemariano, en cuanto ha fortalecido su espíritu, se entregará al apostolado, no entre la delicadeza de los justos y prudentes, sino entre la rudeza de los ignorantes, para servirles, educarles, instruirles; en una palabra para regenerarles en Cristo; y esto en toda circunstancia, porque como dijo Cristo, “siempre tenéis pobres con vosotros”[1]



[1] FENOLLERA, M. Cf. Espejo Avemariano, Valencia 1915, punto IV