domingo, 22 de enero de 2017

María, Modelo de vida laical

          “Ella es ejemplo preclaro de una vida laical en medio del mundo. No caracterizan a la Virgen María los milagros ni las cosas extraordinarias visibles en su vida. Lo más grande se realiza en Ella en medio de la sencillez y simplicidad de lo cotidiano, de los quehaceres de dueña de casa, como mujer del pueblo. Ella no practica una huida del mundo, sino se santifica en medio del mundo.


          
Resultado de imagen para Virgen maria en lo cotidiano        María está centrada en el Dios de la vida. A Él le sigue en el claroscuro de la fe. Cree en la Providencia de Dios Padre, hasta sus últimas consecuencias: en Belén, en Egipto, en Nazaret y en el Gólgota.

       La espiritualidad laical de María no tiene nada de libros. Todo en Ella posee la lozanía de un trato personal con el Señor y la preocupación maternal por los hombres en sus necesidades cotidianas. Su santidad se realiza dentro de las ocupaciones profanas: sus deberes de madre, esposa, dueña de casa y buena vecina.

          María, se siente y sabe profundamente comprometida con su pueblo de Israel. Sabe que por haber aceptado ser Madre del Mesías, ocupa un lugar clave en la historia. Y no se acobarda aunque su compromiso la lleve a estar junto a la cruz y una espada traspase su corazón.

          Esta Virgen, hermana y madre nuestra, compañera y colaboradora del Señor, encuentra el alimento de su espiritualidad en el contacto vivo con el Dios de la vida. Sus palabras las escucha meditándolas en su corazón y poniéndolas en práctica. Su participación en la comunidad cristiana primitiva, en sus reuniones eucarísticas, debe haber sido extraordinariamente profunda. Quién podía estar más compenetrada que Ella de la renovación del sacrificio de Cristo, luego de haberse ofrecido con Él como una sola hostia al Padre.

          Por todo esto, María es ejemplo preclaro de una vida laical, de una santidad en medio del mundo. Por Ella tenemos que guiarnos y su espiritualidad hemos de imitar.”[1]




[1] http://es.catholic.net/op/articulos/41897/cat/901/espiritualidad-laical.html

María Esclava del Señor

    Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño.

Resultado de imagen para maria y el niño jesus     En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. Mirándola descubrimos que la misma que alababa a Dios porque «derribó de su trono a los poderosos» y «despidió vacíos a los ricos» (Lc 1,52.53) es la que pone calidez de hogar en nuestra búsqueda de justicia. Es también la que conserva cuidadosamente «todas las cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19).

    María sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y también en aquellos que parecen imperceptibles. Es contemplativa del misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de cada uno y de todos. Es la mujer orante y trabajadora en Nazaret, y también es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás «sin demora» (Lc 1,39).

    Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización. Le rogamos que con su oración maternal nos ayude para que la Iglesia llegue a ser una casa para muchos, una madre para todos los pueblos, y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo.[1]




[1]Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Santo Padre Francisco, 288

viernes, 8 de enero de 2016

EL EVANGELIO DE LA ENCARNACIÓN

Fundamento evangélico de la Encarnación en el laico Avemariano


“El núcleo fundamental de la espiritualidad Avemariana es CRISTO RESTAURADOR DE LA HUMANIDAD. Nuestra dimensión apostólica se fundamenta en la restauración del hombre en Cristo, mediante el apostolado. Los Cooperadores Avemarianos ponen como meta de su dimensión espiritual, la identificación con Cristo: “No vivo yo es Cristo quien vive en mí”.

El Cooperador Avemariano contempla a Cristo que baja de los cielos a la tierra; que viene “no a buscar a los justos sino a los pecadores”, y que baja “no para ser servido sino para servir”. El Cooperador Avemariano, en cuanto ha fortalecido su espíritu, se entregará al apostolado, no entre la delicadeza de los justos y prudentes, sino entre la rudeza de los ignorantes, para servirles, educarles, instruirles; en una palabra para regenerarles en Cristo; y esto en toda circunstancia, porque como dijo Cristo, “siempre tenéis pobres con vosotros”[1]



[1] FENOLLERA, M. Cf. Espejo Avemariano, Valencia 1915, punto IV